mundonuevo

Como yo
Debe haber gente que, como yo, esté cansada de formar parte y de participar en la falsedad del actual sistema social.
Debe haber gente que, como yo, esté harta de las guerras.
Debe haber gente que, como yo, tenga una necesidad vital de paz y de reencontrar la armonía con la naturaleza.
Debe haber gente que, como yo, busque la comunión con la eternidad.
Debe haber gente que, como yo, quiera vivir.
Debe haber gente que, como yo, se sienta insatisfecha y ya no espere nada del actual estado del mundo.
Debe haber gente, que como yo, esté dispuesta a crear una micro-sociedad en algún punto del planeta en donde comenzar de nuevo antes de ocurran las inundaciones.
Debe haber gente que se ponga en contacto conmigo para para diseñar el proyecto para tal fin.
Debe haber gente que diga a otros: - ¡como yo!.
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Mientras se hace realidad el proyecto escribo relatos de vivencias propias:
Llorar
19/07/2006
Todos estamos heridos, pero todos podemos curarnos. Mientras tanto quiero llorar y lloro porque me place. Lloro por el dolor que causan mis heridas que no son distintas a las tuyas que no lloras porque el narcótico que el sistema social te suministra te impide sentir y sufrir. ¡Cómo me duele! ¡Que pena siento! ¡Que mal estoy!
El niño en medio de la guerra hiere mi corazón, como también, el que crece traumatizado y con problemas psicológicos, el que pierde a sus padres, el que padece hambre, el que siente la indefensión, el que no puede depositar sus esperanzas en ningún tipo de certeza, el que vive la impotencia, el que no tiene casa, el que sufre necesidades, el que está desesperado, el que va a morir, el enfermo, el que se resigna viendo a quienes si que tienen, el que llora, el que ya no puede creer en la vida, ni en la raza humana. Y yo aquí, ante esta contemplación, ¿cómo puedo seguir vivo con tanta herida? ¿Puede acabar el hombre con el sufrimiento innecesario? Seco mis lágrimas y cierro los ojos en busca de respuestas, y comienzan a sucederse imágenes:
No hay nadie que en condiciones normales no aspire al Bien. El Bien es el Ideal. Puede existir Dios y dioses, pero lo inamovible es el Ideal, o de lo contrario acabaría desvirtuándose. Es éste tal alto y fuerte que nada puede cambiar su naturaleza, ni existe ahí externo e interno, ni esencial y formal. Dios está por debajo. Puede crear, mientras el Ideal permanece como siempre. Puede actuar, propiciar, castigar, defender, favorecer y salir y entrar en tantos asuntos como atributos le concedamos y para ello, se contraerá, se expandirá, creará legiones de ángeles y universos, y se mostrará poderoso. Sin embargo el Ideal es el Ideal. Y el Ideal se alcanza o no de acuerdo al sentido y significado que éste tenga para cada uno y lo dispuesto que se esté a trabajar en su favor y a ver claro, tan claro que los brillos, espejismos y cualquier luz al margen de Él no retuerzan y deslumbren la conciencia. Porque en el nombre de Dios se han cometido atrocidades irreparables, no sólo en estos últimos y críticos años, sino que a lo largo de la historia del hombre. Sin embargo, nunca ha podido ocurrir eso en nombre del Ideal.
El Ideal ha de encarnarse y para ello ha trabajarse tanto como para que lo que es abstracto, se torne concreto a la comprensión, es decir, que tome forma. Luego, al ascender hacia el origen, se invierte el proceso de manera que, ahora es la forma la que se diluye en lo abstracto mediante un arte y un saber específico. Ese es el “EHIE”, el nombre del Dios de Moisés: “yo soy el que seré”. Lo diré de otro modo: Se parte de lo abstracto hasta que en la conciencia humana toma forma y concreción para, después, partiendo de ella, llegar de nuevo a lo abstracto. Y ese trabajo no fatiga sino que uno resulta preñado del inevitable proceso gracias a la continua “asumción” del estado Ideal.
Todos saben esto, ya sea de una u otra “forma”, de uno u otro modo, conciente o intuitivamente, pero ¿quién trabaja en esta dirección que es la recuperación en sí mismo del sentido de la vida? Nuestros dirigentes, los que gobiernan las naciones de la totalidad del planeta, ¿hacia donde creen que nos conducen con ideologías que no son las del Ideal? No se puede creer en ninguna solución que no sea la de recordar a todos los ciudadanos del planeta sin excepción que el Ideal es la única solución posible para el ser humano y que debe trabajarse diariamente en esa dirección, no ya para acabar con la gigantesca e incontabilizable cantidad de sufrimiento innecesario, sino los que es más grave, para que no se acabe, al menos por nuestra causa, el propio ser humano.
Ahora quiero soñar sin dormirme..., y aparecen nuevas imágenes:
Hay gente valiente, pionera, de la que da pasos para adelante en la verdadera dirección. Yo quiero estar entre ellos. La reunión se ha dado con el fin de adquirir una enorme extensión de tierra en la que comenzar una nueva y digna vida. Todos estamos heridos. Aparentemente los cuerpos no se ven excesivamente dañados pero las almas están lisiadas, doloridas y en mal estado: a unas les falta un brazo, a otras una pierna, o la lengua, el ojo, la oreja, algunas están llenas moretones, mientras que la mayoría muestra heridas sangrantes causadas por todo tipo de armas. Pero, una espontánea sonrisa se aprecia en el rostro de todos porque sabemos que ahora si que vamos a curarnos de verdad y, lo que de todos es conocido, si se le da una oportunidad al alma, ésta sana y recupera lo perdido sin importar de que se trate la pérdida sufrida. Por eso no condenamos, ni nos planteamos que se hubiera podido hacer, o si fue Bush el culpable, si la comunidad internacional hizo lo que debía, si fueron los israelitas, los árabes o los coreanos… Aquí hemos dejado atrás todo interés por un mundo que nunca tuvo sentido. Aquí, definitivamente hemos optado por seguir otro Camino: el del Ideal, y si no perdonamos a nuestros corazones, el sentimiento de ira lo impedirá. Pero no caeremos en las antiguas trampas en las que el exceso de orgullo y de sangre nos encarcelaba. Hay todo un nuevo amanecer con infinitas promesas de luz de la conciencia por delante que, para evitar convertirnos en estatua de sal nos determinamos en no volver la vista.
La guerra que acabamos de pasar ha gravado a fuego en nuestros corazones que no hay causa alguna que no sea la del Ideal y éste no exige pérdidas, ni dolor, a no ser que se trate del dolor que al comienzo causa dejar atrás y sin significado el universo no Ideal. Así pues, el sentido de la marcha es el Bien, que, por cierto, aún no ha encarnado del todo en cada una de las células que componen la totalidad de nuestro ser. Pero, ello es parte del ascenso y a medida que el bien nos trasforma, desaloja el temor, la precaución, la inseguridad y todo cuanto en uno exista negativamente, es decir, por defecto de la virtud. Y, quienes alcanzan el Ideal, aunque sea por breves instantes, afirman que ubicarse en el Bien es sentir el campo de fuerza todopoderoso y siempre presente en el que no existen necesidades. Afirman que se trata de la eternidad con alegría. Y si ese es el objetivo, también descartamos la ambición porque nunca puede ser sana sino que centramos los esfuerzos en la sagrada aspiración: el Bien.
El espacio de Tierra en el que hemos decidido vivir da frutos, sustento suficiente y pactamos con ella que siempre mantendremos el equilibrio. Jamás utilizaremos sus recursos causándole daños irreparables. El hierro y todos los metales y minerales, por ejemplo, son del todo necesarios para la salud del planeta y no deben ser extraídos de ella para ningún fin. Cualquier justificación a esto es pura mentira porque, para el bienestar disponemos de cuanto es necesario sin causar daño. Incluso, al contrario, la leña, de nuevo, por ejemplo, se transforma en carbón cuya naturaleza es más alta que la de su estado anterior de madera. Además tiene múltiples aplicaciones, desde el calor hasta el abono y fertilización. Las energías renovables y las naturales están ahí esperando servirnos. Y una enorme investigación conduce al conocimiento de que no se debe causar sufrimiento ni degradar el medio porque cada cosa que tenemos a mano es de utilidad para el bienestar humano. El conocimiento del universo no consiste en sangrar y matar al planeta utilizando sus recursos para llevar a cabo, por seguir con ejemplos, viajes exploratorios del universo sino que aprendemos a conocerlo desde el alma, cuyos viajes, no agotan ni enferman sino que curan, restablecen y aumentan la salud del cuerpo y de la mente. La tierra se trabaja y la maquinaria funciona gracias a los elementos de la naturaleza, así como también cualquiera otra que sea necesaria para labores de investigación, de laboratorio, o de cualquier tipo de servicio para la comunidad.
De nuevo viene a mi mente la imagen de los hombres primitivos. Dos razas convivieron algunos milenios, la de los neandertal y la de los crogmagnón. Una desapareció y otra siguió viviendo. No digo evolucionando, porque evolucionar tiene que ver con la conciencia del Ideal, pero si digo que avanzó en adaptabilidad al medio, en dominio del mismo y en el desarrollo de las funciones físicas, mentales, emocionales y psíquicas que le condujeron, al fin, a la encrucijada en la que es necesario hacer una elección: la evolución o la desaparición. De ese modo es fácil distinguir hoy dos razas humanas en la siguiente observación: para unos la vida no tiene sentido y lo busca en el Ideal, para la otra es al contrario.
Hoy los niños ya no lloran.; yo sonrío
La cortina de canutillos
Después de mucho tiempo he conseguido tener en mi casa una cortina de canutillos, como la del "Ti Joan". La he hecho yo. Se trata de un conjunto de muchos hilos que penden de un delgado listón horizontal que cuelga de la parte más alta de la puerta. Los hilos pasan por el interior de canutos de caña, aproximadamente, todos del mismo grosor y longitud. Antes ha tomado el trabajo de secarlos adecuadamente y cortarlos a medida. Luego se van anudando en cada uno de los hilos, en su parte superior e inferior, con el fin de evitar que se desplacen.
Hace días que la cortina cumple su función de parar al Sol y dejar entrar el fresco. Además, tiene el propósito de ritualizar y simbolizar mi amor a la tradición del "Alma Bruja Mediterránea", tal como la conocí en mi infancia de la mano del "Ti Joan y de la "Tía Rosa". Supongo que en el futuro habrá quien la recuerde al fresco del aire acondicionado, nada natural, por cierto.
Después de la comida del medio día, el hijo de nuestra tradición "beca". Visto grosso modo, podría traducir "becar" como echar una cabezada, pero no es lo mismo en intención. Para empezar diré que "becar" es una costumbre que debe practicarse cotidianamente. Se asocia con el vuelo o con la capacidad de volar. "Becar" viene del término valenciano "bec", que significa "pico de un ave". Cuando alguien beca, cabecea, al modo que lo hacen las aves cuando duermen. Y de ahí se toma el término. Pero con esta voz se quiere significar que el propósito de este cabeceo a la hora de la siesta no es tanto el de descansar como el de mantener la conciencia despierta y el cuerpo profundamente dormido con el fin de que ella se libere de él, y el ser humano viva la experiencia de penetrar en el reino incondicionado que trasciende la materia corporal. Así, pues, becar tiene que ver con volar, pero más exactamente, con escapar del ambiente espaciotemporal y de los sentidos hacia la conciencia descondicionada. Sin embargo puede uno volar más bajo.
La cortina de canutillos es casi un elemento ritual más de la tradición, la cual se centra en toda una disciplina cuyo propósito es la toma de contacto con la fuerza que “hace posible”.
Es, pues, la hora de la "becaeta". Me dejo caer en el sillón azul hecho con ramas de “baladre”, como aprendí del "ti Joan". Rechazo la comodidad del sofá que me sume en el sueño, y me dispongo a dejarme ir. La respiración es cada vez más pesada, involuntaria y profunda. Los canutillos de la cortina suenan en un tintineo seco y hueco. Pero cada vez más, éste me suena a tamborileo, a tañido y mezcla de suaves sones producidos por distintos instrumentos. Ese sonido me relaja. Es una asociación de ideas que crea "atmósfera". El sonido seco y hueco de los canutillos es aviso de que corre la brisa y al ambiente que voy creando se suma el elemento psicológico refrescante que añade placer a la necesaria pesadez en la que deseo que caiga el cuerpo. Es un ritmo imprevisible. Es una armonía hipnótica desprovista de cadencia que sorprende y da tirones de placer al estómago. Es, entre tantas cosas, el paladín de la libertad.
Entiendo que la experiencia de becar hoy puede ser especialmente gozosa porque huelo, en la lejanía, a esencia de vino añejo. Pero, ¿cómo acortaré esa distancia?. Deliberadamente traigo a la mente la imagen de mi padre. Su olor es más intenso, familiar y por ello próximo. Mi padre huele a almendro, a rectitud, a honorabilidad. Él fue valeroso, íntegro, independiente. No fue un hijo de la tradición esencial, sin embargo, su determinación por seguir una vida recta, en absoluto disfrazada y determinada a ser lo que se es en detrimento de lo que sólo lo parece, destrozó las sombras que a todo ser se le acercan, y lo llevó a la grandeza de la esencialidad. Por eso, mi padre también huele a Cri-Sol y a vino viejo.
Cuando hablaba mi padre, ahora sé que a quien oía era a mi ser esencial. Por eso revivo aquellos momentos y el ser sigue hablando.
Oliendo estas cautivadoras fragancias del espíritu, sin apenas darme cuenta, entro en la Luz del silencio físico y mental, no obstante, el silencio emocional no acaba de llegar. Por lo tanto, no queriendo engañarme ni privar al ser de su plenitud, abandono el recurso de la visualización de la imagen y de las esencias de mi padre. Es duro, muy duro, pero me consuelo sabiendo que con ello me estoy dejando ir a la fuente de la que manan todas las esencias.
El "yo", como entidad, comienza a perder su sentido. Se convierte en algo insustancial frente a la toma de conciencia de que él es el obstáculo que impide la experiencia de todo cuanto es bueno y que se añora. Dejo de nutrirlo y se va desvaneciendo hasta desaparecer... Y me reencuentro en ese estado natural que es menester vivir a diario. Ese que evita perderse en el sufrimiento de la insatisfacción inconsciente.
Pasados unos minutos vuelvo a mí. Me resulta molesto tener que repartir la Unidad en porciones, en sectores. Me dejo estar y la artificialidad de la naturaleza va cohesionándose, tomando forma, apareciendo, con aparente sentido. Me desperezo y, otra vez, soy "normal" con un punto de secreta locura, en muchas ocasiones, difícil de ocultar. Yo sé que me encuentro encarcelado y que puedo disfrutar de la libertad cada vez que el Ser se exprese, pero me apenan mis congéneres. Me dejarían al margen si les dijera que lo que entienden por libertad, en el mejor de los casos, es muerte, podredumbre y descomposición. El propósito de la vida está en evitar que lo esencial se diluya en la artificialidad normalizada de la descomposición a la que ha de llegar lo que nunca tuvo entidad ni para ser ni para permanecer.
Tengo en el paladar un agradable sabor a vino. No es necesario hoy el viaje en la becaeta.
